Segunda Carrera en el Hipódromo Sultán y el Banderín guindo sigue en el aire.

Desde los túneles que conectan las caballerizas con la pista de ceniza se escucha una discusión sobre bebidas alcohólicas entre quienes están por lanzar a sus caballos para que a paso firme busquen llegar primero y llevarse el hándicap que los impulsaría a una nueva pista, esa en la que todos quieren correr pero que pocos entienden la dificultad que tiene allá por el metro 35.

En la pista de ceniza se preparan dos caballos muy broncudos, hijos del que todos conocen como El Diablo y del Ingeniero, ese que siempre anda de color morado: “El Demonio y el “Hijo Desobediente”, ambos de sangre brava se preparan para arrancar la carrera.

Los espectadores observan atentos a los dos caballos que se presentan en la pista de ceniza. Ambos equinos han sido pesados y al igual que sus jockeys, reúnen las características necesarias para competir por la valorada presea color cereza póntica, esa que les permitirá pasar al siguiente nivel de la competencia.

Para los apostadores, esta corrida resulta de poco interés, pues a decir del libro de carreras, ya hay un claro ganador. Para los dueños de los equinos, esta carrera es de especial interés, ya que además del trofeo y dádivas económicas, se disputa por una parte la oportunidad de pagar dividendos a quienes patrocinaron la alimentación, el establo y entrenador de El Demonio; por otro lado, está en juego la credibilidad y legitimidad de la cuadrilla Salvaje a la que pertenece El Hijo Desobediente, cuyo dueño cuenta con el presupuesto suficiente para no recurrir a patrocinios y ha sido criticado por imponer a sus jinetes.

En la cuadrilla de Los Diez, El Demonio se percibe como un caballo de carácter dócil con sus entrenadores, jockeys y dueño, pero soberbio y altanero con el resto de los equinos que le rodean.

El Demonio es un caballo de pelambre color champagne, y de cola abundante, lujosa, ligeramente levantada y de movimiento controlado. Sus patas son largas y con una musculatura fuerte; su dueño ha encargado al entrenador el fortalecimiento de sus cuartos traseros para dar más empuje a su arranque. Su cabeza es simétrica y proporcional a su musculatura, de mirada serena y poco expresiva, casi como la de un jugador de Black Jack.

Este, antes de correr en pistas de ceniza y competencias de alto nivel, fue fogueado por su dueño en eventos locales en los que resultaba ganador con mucha facilidad. Cuentan los seguidores de su trayectoria, que fue en esa época cuando tuvo la oportunidad de medirse con otros equinos y ganarse un lugar gracias a su velocidad, temperamento y disposición mostrada en los eventos a los que asistía.

En la otra caballeriza se escucha que El Hijo Desobediente de la cuadrilla Salvaje, es un caballo con un carácter sereno y seguro pero únicamente con su dueño. Cuentan los que han visitado el establo en donde se resguarda, que este equino es de trato enérgico y hosco y parece solo aceptar instrucciones del dueño, cuestión que dificulta su entrenamiento.

El Hijo Desobediente mantiene un entrenamiento de alto rendimiento en el día y corre al ritmo que le marca su dueño, y por las tardes se mantiene activo dentro de su propia caballeriza.   

El Hijo Desobediente es un caballo de pelambre color grullo (grisáceo), de cola, crin y patas negras, con movimiento flexible y casi imperceptible en su cola que va ligeramente levantada. Sus orejas son puntiagudas e inclinadas hacia adelante. Su musculatura es fuerte, sus ojos grandes y pardos, tienen una expresión retadora y alerta a los movimientos.

Así pues, mientras El Hijo Desobediente da pasos firmes, astutos y determinados en la pista de ceniza, El Demonio se pasea gallardo y despreocupado con el apoyo de su cuadrilla.

De entre sus victorias más notables, El Hijo Desobediente se distingue en la cuadrilla Salvaje por lo que le han dado el número 2, ya que gracias a sus movimientos, su dueño ha obtenido una posición de mando inigualable; por su parte El Demonio ha demostrado su talento en otras carreras locales y nacionales, ganando la confianza de más de uno que le ha apostado a su trotar y que les ha traído buenos dividendos al cobrar sus apuestas, por lo que han decidido darle el 3 en la pista de ceniza.

Las apuestas están más que apretadas, el margen de victoria no está claro aún, El Demonio le aventaja por una mínima diferencia, mientras que el Hijo desobediente, a paso tranquilo se ha metido en la búsqueda del banderín y ha sumado uno que otro en el libro negro que está por cerrarse.

Ambos equinos ya se encuentran en la línea de salida. Los jockeys están equipados con la fusta de cuero, los caballos ya tienen las patas vendadas y el estribo y la rienda ajustados. Los que apostarían en la carrera ya se encuentran atentos al disparo de salida. Los espectadores observan ansiosos. El comisario se ha instalado y todos están en espera de las órdenes del juez de salida.

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